Asteroide B612 fue el nombre que le dieron los astrónomos al descubrirlo, estos planetas así de pequeños y parecidos a miles de millones de otros les parecen tan comunes e insignificantes que no se toman la molestia de inspirarse para ponerle un nombre, simplemente le dan uno de acuerdo al orden de descubrimiento, un código genérico y frío, un número, solo para guardarlo en los registros.
Sin embargo, para el que habita ese pequeño asteroide, no es así, para él ese pequeño pedazo de materia en el universo, es su planeta, su mundo, el sabe muy bien que tiene dos volcanes activos que sirven para calentar la comida y uno apagado que sirve de banco. Que lo limpia y ordena todos los días con cierta pasión. Que posee muchísimas flores simples de unos cuantos pétalos pero solo una maravillosamente adornada que perfuma y embellece todo el lugar. El es el dueño de todo esto y lo administra con amor. Es su mundo, todo lo que tiene y todo lo importante para él esta allí. Desde acá mira los maravillosos amaneceres y las románticas puestas de sol.
Se llama Asteroide B612 para los que ven desde fuera, pero quién habita en el no le llama con este nombre frío, lo nombra con una palabra simple y común pero más calida, el le llama hogar, ¿no son las cosas comunes más calidas?. Es un lugar, en la inmensidad del universo, al cual regresar y volver a empezar.
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