lunes, 24 de octubre de 2011

lunes, 23 de mayo de 2011

Árbol que crece torcido



Antes de juzgar a nuestros árboles torcidos

¿No deberíamos juzgar a los árboles rectos

Que con su sombra los obligaron a torcerse?



La gente pasa a la par y, aunque muchos me ignoran, muchos otros me notan y me miran, con una sonrisa, con una mirada de asombro y a veces hablan entre sí y comentan "que lindo!", "¡¿que curioso verdad?!", "mira que raro", "me encanta" y otras cosas por el estilo, yo solo sonrío y recuerdo cuan difícil fue llegar a estar como estoy, a veces es un poco incomodo como podrán notar quienes me conocen, pero al fin y al cavo es eso lo que me hace ser lo que soy.

Hace tiempo no podría haberme dado cuenta, era tan joven, solo buscaba sobrevivir. No supe como, ni cuando, ni de donde provine, solo se que un día me desperté en el vientre tibio de mi madre y comencé a buscar alimento como es natural, extendí mis raíces y con ellas poco a poco fui tomando la fuerza necesaria para comenzar a estirarme. Hasta que llego el momento en el cual el alimento que me brindaba mi madre ya no era suficiente, entonces ella me dijo, busca a tu padre y te dará la luz y el calor, eso es lo que necesitas, y así fue como salí al mundo exterior en busca de la provisión de mi padre.

Al no más salir, fui sacudido violentamente por el viento, a penas lograba ver, pero la luz tibia de mi padre comenzó a fortalecerme, aunque no era suficiente.

Cuando logre ver bien a mi alrededor note que estaba rodeado de sombras, no entendía muy bien hasta que me di cuenta de que eran otros mas grandes que yo, los que para mi infortuna me tapaban la luz en su plenitud, y lo que lograba llegar a mi era un simple rayo débil, insuficiente para mi necesidad de crecer.

Eran tan grandes y frondosos, sus hojas eran verdes, finas y elegantes, sus esplendidas e infinitas ramas se entrelazaban para crear sobre mí una bóveda fría y húmeda, no podía ni hablarles, ni pedirles nada, parecían tan lejos y tan sordos a mis suplicas, a pesar de que sus raíces se rozaban con las mías, conformes en su frondosidad, su opulencia, no les importaba que un pequeñín como yo necesitara algo de ellos, yo era insignificante. Mejor si moría, tendrían más alimento y les ahorraría el cargo de conciencia.

Pasaban los días y el rayito de luz no lograba alimentarme lo suficiente, ver hacia arriba era inútil, jamás me abrirían paso, entonces decidí que estaba solamente en mí el hacer algo. Mi padre estaba arriba esperando que me mostrara para darme su provisión tan necesaria, pero si no salía de allí no podría recibirla.

Comencé a buscar la forma de llegar, el camino recto no era una opción, no porque yo no pudiera, es más, yo tenía toda la capacidad y disposición de hacerlo, hubiera sido tan fácil, pero no estaba en mí el no poder, estaba en los que no me lo permitían, debía entonces buscar otra forma de llegar.

Era difícil por la debilidad que tenía, estaba desnutrido y me empecé a llenar de rencor en contra de los gigantes, que fue el nombre por el cual llamábamos a los frondosos árboles que nos condenaban a la muerte, y digo llamábamos, porque en mi camino encontré a varios que al igual a mí buscábamos vivir.

A veces escuchábamos a los gigantes que se quejaban de que nosotros arruinábamos su espacio, que robábamos su alimento, que era mejor que muriéramos porque solo éramos un montón de chicos deformes y débiles, nuestro corazón estaba lleno de amargura, si nos hubieran cedido un poco de luz no estaríamos así, decíamos, la luz y el calor de papá así como el alimento de mamá eran suficientes para todos, no tenían porque acapararla y dejarnos morir.

El camino fue tan triste, vi morir a tantos de mis pequeños compañeros que no lo lograron, y también vi como las raíces de los gigantes los devoraban sin misericordia, sonriendo, como si no pasara nada. Muchas veces los cuerpos de los muertos se podrían y nos amenazaban a todos las bacterias y hongos que atraían, incluso a los gigantes, lo que los hacía despreciarnos aún más.

No entendíamos cual era la diferencia, como era posible que habiendo nacido iguales a ellos se nos privara de la oportunidad que ellos habían tenido. Nuestro único pecado era haber nacido en las condiciones desfavorables, debajo de ellos.

Nuestros tallos comenzaron a moldearse al camino que trazábamos, nuestro aspecto no era nada bonito, pero ya no nos importaba la belleza o lo que otros vieran como tal, solo buscábamos sobrevivir.

Entre tanta oscuridad era sumamente difícil encontrar el camino correcto, pequeños destellos nos guiaban, eso y el calor que sentíamos cada vez que nos acercábamos a la luz. Nos volvimos duros y debíamos serlo, pues de no ser así nuestros tallos corrían el riesgo de romperse por el peso de nuestras ramas, debíamos ser más fuertes porque la gravedad nos lo exigía.

Sin embargo durante las tormentas sufríamos gravemente los vientos y las lluvias recias de los inviernos crudos, en esas tristes temporadas fue cuando vi caer más de mis compañeros.

Caían y caían, morían a mis pies. Y yo seguía soportando, por alguna razón, mi tallo se hacía más fuerte y buscaba con más desesperación la luz y el calor, la provisión de mi padre. A veces perdía la esperanza al pensar en todos los que perecían y decía que quizás vivir era un privilegio en verdad, que a algunos débiles y nacidos en penosas condiciones se nos era negado, pero luego me cuestionaba el hecho de que yo aún tuviera vida, que mucho de ello era porque mis compañeros caídos me habían alimentado, y me daba cuenta de que no estaban realmente muertos mientras yo los llevará conmigo, en mi vida, era mi obligación entonces continuar la búsqueda, mi padre me esperaba, nos esperaba.

Con el paso del tiempo fui fortaleciéndome, no lo había notado pero mi tallo se había alargado mucho, hasta que un día, al fin, logré salir de la penumbra y sentí el calor y la luz tan fuerte y brillante que llore largamente de felicidad, había sido tan difícil pero lo había logrado.

Parecía que el penoso trabajo había valido la pena, pero volví a ver y junto al camino oscuro recorrido vi mi cuerpo deforme, tristemente retorcido, estaba vivo, había encontrado la luz y el calor, pero me rodeaban los otros, los gigantes, imponentes, erguidos y elegantes, y me sentí miserable otra vez.

Tanto que no me había percatado que mientras había logrado salir, también había crecido, más que muchos de los árboles rectos, porque había tenido que recorrer el camino más largo, pero eso fue algo que entendí mucho tiempo después, en ese momento solo me sentí triste. Aún seguían siendo gigantes para mí.

Hasta que cierto día, mientras me lamentaba, note que las personas, esos seres que no tiene raíces y se pasean de acá para allá, me veían sonriendo, me tomaban fotografías, me señalaban, me admiraban.

Mi cuerpo que estaba marcado por el penoso camino que había recorrido, era objeto de curiosidad, porque me hacía diferente, porque me hacía más único, me hacía hermoso. Al notar esto, vi al cielo, allí estaba mi padre sonriendo, besando mi rostro con su calor y luz, y recordé que el había sido mi motivación, la búsqueda de su provisión había sido mi guía al recorrer ese camino para sobrevivir, con sus destellos y rayitos me había marcado el recorrido en medio de la oscuridad, el mismo que me había hecho lo que era, un ser único, más único que los demás. Y lloré otra vez.

Hoy que ya estoy viejo, veo a la gente, y me he acostumbrado a su admiración, muchos ya los conozco, especialmente una muchacha que siempre me sonríe, me encantaría devolverle la sonrisa. La gente me quiere, ahora que ya me cuesta mantener esta posición retorcida me han colocado incluso un banco de soporte para que descanse en el, y han cortado la cerca para que no me lastime. Porque como dice la muchacha que me sonríe, todos los árboles dan oxígeno, sombra y belleza, yo además de eso doy inspiración.

viernes, 5 de noviembre de 2010

¿Quién dirige la orquesta?

Pareciera que todo es parte de una serie de casualidades que a fuerza de combinaciones van dando resultados, que los millones de millones de posibilidades danzan en el universo de las ideas chocandose unas con otras para ver con cual dimensión se fucionan y se ordenan torpemente con una suerte increiblemente logica. Como si de repente un grupo de bolas de billar se dispersara para caer cada bola en el lugar presciso o una gran orquesta donde cada individuo toca su instrumento en la afinación y ritmo que le plazca y logren una melodía armoniosa, imposible. Existe una bola blanca y tras la bola un tirador con una técnica y una estrategia, también existe una mano que dirige las notas, los tiempos y aún los silencios. La melodía y la estrategia son el origen de los causas y no producto de ellas.

Podemos vivir creyendo que somos producto de las notas desentonadas que se acomodan por casualidad. Yo prefiero creer que soy la melodía.

sábado, 9 de octubre de 2010

Conmemorando el 70 aniversario del nacimiento de uno de los mejores compositores de la historia, John Lennon tu huella perdurará por siempre en los corazones de quienes creemos en el sueño =).

viernes, 1 de octubre de 2010

Feliz día del niño!

Esto es maravilloso, despierto a la hora que quiero y basta con llamar un poquito para verme rodeado de mimos y atenciones. Cuando siento hambre tomo mi pachita y se la llevo a mi mamá e inmediatamente la veo llenarse de algo que calmará mi pancita. Juego a mi antojo, descubro cada día cosas y cada vez que aprendo algo nuevo me celebran con aplausos, besos y alegría.
Si me asusto, basta con correr al lado de mis papás, abuelos o tíos y ellos me protegen de cualquier cosa horrible y si estoy enfermo mi mamita se desvela hasta verme aliviado y si tengo frío o me siento triste me arrullan en sus brazos. Corro, río y juego hasta quedarme dormido. Así, rodeado de todas estas personas que me aman me siento invencible. En verdad es maravilloso todo esto, y me alegro tanto de que la vida de todos los niños sea así. ¿Y es verdad que la vida de todos los niños es así o no?